La Caravana del Verso

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Recital Cañadas poéticas
8 de mayo 2015
21:00 hrs.
Hotel Palacio Flórez Estrada (Salón de la Torre)
Entrada libre hasta completar el aforo

Presentación del disco Contigo Soñar
21 de mayo de 2015
17:00 hrs.
Librería Cervantes, Foro Abierto. Oviedo
Entrada libre

Recital El canto de la alondra

LEÓN
22 de mayo 2015
20:00 hrs.
Salón Cultural y de Exposiciones de Caja España
Veguellina de Órbigo

23 de mayo 2015
20:00 hrs.
Fundación Ángela Merayo
Santibáñez de Porma





Aquí comienza un romance
que trata de los peligros
espantosos que provoca
la relación con los libros.
Pongan atención, señores,
agucen vista y oído,
porque iremos relatando
sus efectos negativos.

Los libros son artefactos
que conducen al conflicto.
Llevar un libro en la mano
tendría que ser delito.
Con acierto, algunos reyes,
los mantuvieron prohibidos,
mientras al pueblo le daban
fiestas de toros y circo.
Mi abuelo fue estraperlista,
gran corredor de caminos;
y mi padre comerciante
de licores y de vinos.
La vida no les fue mal,
hasta que la muerte quiso.
Y en su vida no hubo nunca
rastro lejano de libros.

Fíjense en el presidente
de los Estados Unidos:
tuvo que elegir un día
entre armamentos o libros
y ya ven donde ha llegado,
con su poder infinito,
que tiene el mundo a sus pies,
literalmente rendido.

Don Quijote de la Mancha
fue lector empedernido,
y ahí lo tienen ustedes,
preso de sus desvaríos,
atrapado en sus quimeras,
y siempre metido en líos.
Mientras, el bueno de Sancho,
sólo recibe castigos.

Muchos fuegos pavorosos
que aniquilan edificios
comienzan ¿dónde comienzan?:
en las páginas de un libro.
Porque la gente se abstrae
con ensueños y delirios,
mientras las llamas avanzan
con su paso destructivo.

Las migrañas, las jaquecas,
los retortijones de hígado,
cegueras y cataratas,
la flojedad de intestinos,
o esos dolores terribles
que dan las muelas del juicio,
encuentran en la lectura
un cómplice decisivo.

El marrano suculento
llamado también cochino,
cuyas ancas se convierten
en jamones exquisitos,
anda libre por el campo ,
entre encinas y quejigos.
De libros no sabe nada.
¡Y qué bien sabe el gorrino!

Dicen que el sabio más sabio
de todos los tiempos idos
fue Sócrates, un filósofo
muy sagaz y persuasivo,
inventor de un pensamiento
llamado de los sofísticos.
Pues bien, lo cierto es que Sócrates
no escribió jamás un libro.

Ya lo están viendo ustedes,
los libros son muy dañinos,
no nos dejan ver la tele
cada vez que los abrimos.
Y sin tele ¿qué es la vida?:
un horror, un cataclismo,
una caída al silencio,
un despeñarse al vacío.

La gente que ahora me escucha
supongo que ha comprendido
las amenazas que esconden
estos objetos nocivos.
De tal modo que actuarán
como dicta el buen sentido.
El que evita la ocasión
está evitando el peligro.

Los libros son contagiosos,
además de corrosivos,
disuelven el pensamiento
y socavan los principios.
Convierten a muchos hombres
obedientes y pacíficos,
en personas temerarias
y en ciudadanos altivos.

Bajo su aspecto inocente
se resguarda un fementido,
un farsante, un impostor,
un trapacero legítimo,
Las palabras que lo forman
nos hacen perder el juicio,
y nos llenan la cabeza
de quimeras y de grillos.

¿Quién fue Miguel de Cervantes?
¿Y quién Homero o Virgilio?
Góngora, Lope o Quevedo,
palabristas de artificios;
Baroja, Valle, Machado,
Borges, Neruda o Calvino,
inventores engañosos
de falsos mundos ficticios.

Llevar un libro en la mano
tendría que ser delito;
espero que tomen nota
que sé muy bien lo que digo,
que yo caí en sus páginas
y abracé todos los vicios.
Pero el romance se acaba
y con ello me despido.

Ignacio Sanz. Foto: Wikipedia

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Aunque camine sin rumbo por el prólogo inquietante de un deseo, por el prefacio inútil de los años que uno tras otro inevitables pasan,
aunque atónito me pierda en el acorde culpable de un relámpago, en el relincho impuro de un caballo en celo,
aunque cubra mi soledad desamparada con el hábito azul de las certezas, con la curva orgullosa donde se oculta el alma de los dioses,
aunque tapie el vacío de lo cóncavo con el miedo infantil de lo convexo,
aunque me venza tantas veces el cansancio,
yo sé quien soy,
yo sé quien soy y sé de donde vengo.

Mis antepasados sembraron el camino e hicieron del adobe hogar y amparo, luz del carburo, esperanza del hambre, mis antepasados inventaron la vía láctea y la ternura, el hierro y la canción en flor de espiga,
esos muertos míos que contemplan mi rostro testaron para mí su sufrimiento, el sudor y el arado, el corazón atravesado por gemidos sacrílegos, el calvario del pobre sin pan y sin historia,
aquellos hombres labraron mi conciencia, amasaron mi carne con manos amorosas, manos de mujeres de eternidad y luto, manos de madre, de arcilla, de tormento,
mis ojos son reflejo de sus ojos, mi pan producto de su hambre, mis palabras el grito de sus labios,
mis antepasados, muertos míos, hombres de lumbre y carámbano y dolor,
yo sé quien soy,
yo sé quien soy y sé cual es mi sitio.

La memoria es el territorio de la ausencia, memoria para tejer el lino y la sarga donde duerme el recuerdo, ausencia y humo, piel y escalofrío,
mi memoria se viste de pretérito para hablarme al oído, muy bajo, un bisbiseo,
la memoria es la brasa, es el carro, es la lanza, piedra que golpea sobre el vértigo de este vivir a rastras, la dignidad de quienes no tuvieron otra cosa que su orgullo y su pena,
mi memoria es la llave para abrir el lugar que a mí me toca, el sitio donde clavar los pies y resistir los envites astados del olvido,
mi memoria es de sangre, roja como la sangre, como la sangre roja, mi memoria, mi sitio,
yo sé quien soy,
yo sé quien soy y sé porqué yo escribo.

Para grabar con tinta incandescente -caligrafía indeleble que mana del espanto- la palabra justicia sobre el vientre de los poderosos, sobre el aterido aguijón del alacrán, sobre la frente añil de la ignominia,
para arropar mi soledad con frazadas de sílabas, palabras para tapar la oquedad aristada del invierno, frío en el corazón, palabra y lumbre, fuego para derretir los hielos de diciembre, solsticio en el alma, ay, una manta que cubra mi pobre desamparo,
escribo contra el silencio y la amnesia y el alivio sepulcral de los vencidos, contra la mirada tangente del centauro, contra el gesto otoñal del humillado, contra la luz cenital de las verdades, contra la hiel derramada de los patriarcas,
sí, piedra y lignito, barreno y honda, para vencer el peso insalvable de la muerte, esa muerte pequeña que baja las escaleras a mi lado, que bebe de mi copa, que fuma mis cigarros, frente a la muerte escribo para salvar de sus huellas mi camisa,
contigo, con tus besos, con tu dulce corazón y flor de mayo, a tu lado, contigo, para ti, para todos los que saben del llanto y las ortigas, fermento y cal, de la llanura interminable del deseo, para ti, para ellos, mis versos, mis entrañas, mis caricias, mis manos,
yo sé quien soy,
yo sé quien soy, nadie se llame a engaño.


Ramón García Mateos y Joaquín De la Buelga
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Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.

Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.

Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval sonoro.

Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.

Miguel Hernández

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Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

*

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.

Me porté como quién soy.
Como un gitano legítimo.
La regalé un costurero
grande, de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

Federico García Lorca
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La piedra es una frente donde los sueños gimen
sin tener agua curva ni cipreses helados.
La piedra es una espalda para llevar al tiempo
con árboles de lágrimas y cintas y planetas.

Yo he visto lluvias grises correr hacia las olas
levantando sus tiernos brazos acribillados,
para no ser cazadas por la piedra tendida
que desata sus miembros sin empapar la sangre.

Porque la piedra coge simientes y nublados,
esqueletos de alondras y lobos de penumbra;
pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego,
sino plazas y plazas y otras plazas sin muros.

Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido.
Ya se acabó; ¿qué pasa? Contemplad su figura:
la muerte le ha cubierto de pálidos azufres
y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro.

Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca.
El aire como loco deja su pecho hundido,
y el Amor, empapado con lágrimas de nieve
se calienta en la cumbre de las ganaderías.

¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa.
Estamos con un cuerpo presente que se esfuma,
con una forma clara que tuvo ruiseñores
y la vemos llenarse de agujeros sin fondo.

¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice!
Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón,
ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente:
aquí no quiero más que los ojos redondos
para ver ese cuerpo sin posible descanso.

Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura.
Los que doman caballos y dominan los ríos;
los hombres que les suena el esqueleto y cantan
con una boca llena de sol y pedernales.

Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra.
Delante de este cuerpo con las riendas quebradas.
Yo quiero que me enseñen dónde está la salida
para este capitán atado por la muerte.

Yo quiero que me enseñen un llanto como un río
que tenga dulces nieblas y profundas orillas,
para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda
sin escuchar el doble resuello de los toros.

Que se pierda en la plaza redonda de la luna
que finge cuando niña doliente res inmóvil;
que se pierda en la noche sin canto de los peces
y en la maleza blanca del humo congelado.

No quiero que le tapen la cara con pañuelos
para que se acostumbre con la muerte que lleva.
Vete, Ignacio: No sientas el caliente bramido.
Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!


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A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.

El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones de bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en Punto de la tarde.

Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay, qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!


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En la casa blanca muere
la perdición de los hombres.

Cien jacas caracolean.
Sus jinetes están muertos.

Bajo las estremecidas
estrellas de los velones,
su falda de moaré tiembla
entre sus muslos de cobre.

Cien jacas caracolean.
Sus jinetes están muertos.

Largas sombras afiladas
vienen del turbio horizonte,
y el bordón de una guitarra
se rompe.

Cien jacas caracolean.
Sus jinetes están muertos.


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Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil
callarla.
Es imposible
callarla
Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada.
Es imposible
callarla.
Llora por cosas
lejanas.
Arena del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama.
¡Oh guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas.




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La madre Asturias



Joaquín De la Buelga Prendes nació en Oviedo en 1954.

Durante su vida profesional estuvo vinculado con el Grupo Zeta. Ha sido director de La Voz de Asturias y de Industrias Gráficas Parets, en Barcelona,  de Antena 3 Radio en Langreo, de Antena 3 Radio en Asturias y director de Radio 80 Asturias.

Paralelamente a su quehacer profesional, Joaquín ha estado siempre cerca de la poesía y de los poetas. Con unas facultades vocales sorprendentes, logra penetrar la esencia de los versos y restituye la dimensión oral a la creación poética contemporánea, vinculándola con todo tipo de públicos y alejándola del intelectualismo para devolverla a la pasión y a la vida.


Haciendo suyas las palabras

Es el creador de La Caravana del Verso,  compañía creada en el mes de octubre de 2008, cuyo objetivo primordial es "la difusión de la poesía , hacer perder el miedo a la palabra, trasmitir todo aquello que tiene de liberación, ayudando a descubrir su poder oculto. Para ello, la palabra, unida a la danza y a la música, conforman los pilares básicos de todos nuestros espectáculos o recitales".

Lorca eterno

La Caravana del Verso ha presentado más de siete espectáculos, entre los que destacan "Versos del alma", "Lorca Eterno", "Hermanos", "Poemas y Cuentos para gente menuda", "Madre Asturias", "Húmeda Oscuridad", "Ande yo caliente ...", y el actual, "Barro".


La Caravana del Verso en su primera etapa

El cuadro artístico está formado por Laína Cores (cantante), Sandra Risueño (bailarina y coreógrafa), Felipe Prieto (recitador) y Joaquín de la Buelga (recitador y director).


Felipe Prieto, Laína Cortés, Sandra Risueño y Joaquín De la Buelga



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